
| Bajo la sensacion indomita de no pertenecer a ninguna parte, de dejarme seducir por teorias propias, de sumergirme en discursos ajenos con excepticismo, mis pasos se deslizaban por los abismos de mi intuicion. Asi por ejemplo, me dirigia hacia cualquier lugar que mi curiosidad y autonomia me permitieran. Obsesivamente observaba a la gente para construir historias y escenarios entre mis ojos y mi frente que probablemente moririan al final de mi viaje. Se que muchas veces llegaba a ser impertinente. Se que mi mirada era fija, un poco perdida por la mezcla de lo que mis sentidos percibian de la realidad y lo que resultaba al cruzar mi imaginacion. Creo que a mis personajes les inventaba pasados intrigantes y misteriosos, un poco cruel, acido e imposible a la vez. Asi pasaban mis dias, ensimismada en un mundo que abandonaba a ratos para observarlo desde lejos, un mundo de fantasias inciertas, de ideales que parecian amantes de condones ciegos y coitos ensangrentados. Asi sentia la vida, como un holocausto que a traves de su propio dolor me entregaba fuerzas y placeres momentaneos. En el fondo era todo lo que necesitaba porque el futuro era muy lejano para mi, casi invisible e inexistente. Recuerdo que recorri muchas calles y descubri rincones abandonados por la bulla, donde el silencio viajaba entre las particulas oxidadas del aire. El silencio penetraba mi oido y mi oido pertenecia al pueblo del bajo vientre. Me encontre con esquinas enloquecidas por la esquizofrenia colectiva de un dia miercoles y, entre medio del desorden, observaba celosamente a una pareja, casi como espia. Me arranque de personalidades anuladas, e imagine otras litigadas por alguna decepcion. Recuerdo que ese dia opte por notar solo a aquellos que parecian felices, y asi, con una especie de optimismo que no me era propio, asisti a una clase de teorias sociales. Alli escuche desde lejos los argumentos de teorias falsas y converse con amigos, sin enterarme de que estaba viva ni que estaba en lo incierto. Cigarro tras otro decidi volver a mi recorrido casi ermitaño, entre la ciudad perdida tras mi percepcion. Siempre me encontraba con el conflicto de tomar el metro, o irme en micro. La interaccion en el metro era mucho mas obvia y menos discimulada. En cambio, en la micro podia observar todo solo por unos minutos y desde lejos, sin llegar a ser parte de las situaciones. Eso tambien me parecia atractivo por lo que opte por los dos. Recuerdo que al llegar a casa me sente junto a la ventana de mi dormitorio, la cual estaba semiabierta, y me puse a escribir con la impresion de llegar a esa sensacion orgasmica que es solo tuya. Mientras trataba de ordenar mis ideas, escuche sonidos perdidos de pajaros, conversaciones y trafico. Estaba segura de que lo que escribiera explicaria un poco mis inextricables planteamentos frente a cada paso que daba. Al mismo tiempo que escribia, sentia mi boca mojada y mi mirada se desvanecia tras mi imaginacion. Asi, de a poco, me fui dejando seducir hasta perder la nocion de la realidad. Asi, a tal punto, que mi escrito se apodero de la poca coherencia que me quedaba y, entre la desconeccion de lo racional y lo imaginado, me vi, desde el texto, junto a mi ventana, inmune a los elementos externos. A raiz de eso, Descubri que mi cabello era desordenado, que mis brazos eran fragiles y que la frustracion se paseaba por mis labios por la incapacidad que estaba experimentando al querer comunicar mis ideas en un formato logico. Pude notar mis miedos como arboles de un bosque verde oscuro que no tiene final, como asi tambien, me di cuenta que habia mucho mas, al otro costado del ocaso que tenia que recorrer. Aprecie la independencia que me gobernaba y mis posturas hacia una vida imperfecta, pero real. Aunque hubiera querido quedarme en ese estado por mas segundos, me fue imposible. Subitamente comence a caer y mi caida parecia no tener final, como si concientemente me hubiera tirado a una quebrada, entre rocas filudas y cataratas de aguas heladas. Senti resbalarme entre un musgo pervertido por la sombra infinita hasta el final, hasta incorporarme en mi realidad. En ese momento, una extraña sensacion de descontrol comenzo a envolverme, una sensacion de locura que subia y bajaba por escaleras metalicas que se giraban entre laberintos, por lo que deje mi escrito, busque a mi perro y sali a caminar con la sensacion indomita de no pertenecer a ninguna parte, en un mundo de pueblos desconocidos, en donde todo parecia explicarse por si solo. |
1 comment:
A traves de este relato te puedo visualizar otra vez a tus 20 años.
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