Subterfugios
Wednesday, November 14, 2012
Sentido Común
Thursday, December 22, 2011
Plan
El amor no es más que una fantasía del dolor y yo camino divagante entre medio de esta fantasía sin tener la habilidad de identificar al realismo. Así, de sombra en sombra, de boca en boca, percibo tu saliva caer como cae la sangre de un animal muerto en el desierto. Cae y se absorbe entre el sudor de una mujer ajena, a quien crees perfecta, cuyo olor es siempre el mismo y cuya entrega es tan predecible.
No me creas si alguna vez hablé de sentimientos, es tan fácil inventarlos para extasiar un momento. Lo cierto es que había planeado abandonarte en esa cama usada y mal hecha, después de que te rindieras bajo mi perturbado ombligo. Yo caminaría de prisa, con un cigarro en los labios, bajo la llovizna de un invierno húmedo y solitario. Había esbozado mi sonrisa apretada, mi mirada fría, las piernas entumecidas al saber que no te vería nunca más. Se suponía que despertarías con los labios humedecidos, impregnados de ese olor maldito, confundido al encontrarte en una habitación oscura, sangrando y malherido. Qué me detuvo que no jalé el gatillo?
Thursday, May 06, 2010
Entre San Diego y el Normandie
La sombra etérea de tu mano me recuerda aquel momento en el que nos encontramos en el cine alguna vez. Era una película Francesa, en blanco y negro, emotiva, tan pueril como cruel. Era un momento de silencios, de miradas que entre medio de tal oscuridad nunca llegaban a su encuentro. Nos sentábamos sobre nuestro presente tan dueños y seductores como tan ingenuos. Tus dedos trataron de deslizarse sobre mi brazo, sutilmente, casi imperceptible. Me perdí entre tu olor, una chaqueta verde y la intensidad de la música que acompañaba nuestra película. Nunca sentí la necesidad de decir nada, como si las palabras carecieran de protagonismo. Tu en cambio, te detenías a hacer comentarios, buscabas mis respuestas entre la carnosidad de mis ideas. Recuerdo el nerviosismo que me embargaba al saber que tenía que partir. Dejar todo inconcluso me desconcertaba tanto como a ti, pero así vivíamos los momentos, dejándolos y retomándolos a cualquier hora y en un lugar inventado, como si la vida fuera eterna y nuestros deseos indomables. Recuerdo haber caminado de un cine a otro, entre las calles porosas de una ciudad sorprendente. La neblina se impregnaba en mis mejillas y la agitación de mi ánimo dejaba sus huellas en los costados de tu boca. Me cubrí con un abrigo que poco entendía mi prisa y corrí hacia mi destino, una cita elaborada, con horarios y conversaciones aburridas, mientras pensaba en el siguiente día, encontrarme contigo otra vez en los pasillos de la Universidad. Tomar un café, saludarte y sonreír y suponer que tendríamos otro momento en el que valdría más el silencio que mil frases mal dichas. Suponer que la seducción se pasearía lenta y sigilosa entre mis piernas y a través de tus ojos y que tomaría fuerza y se haría cargo de mi incongruencia en un momento más tuyo que mío. No teníamos que hacerlo público, sería nuestro secreto, una cortina de lluvia en una tarde de Abril.
Saturday, February 09, 2008
Confesión
El tiempo se arrastra en estados febriles sobre mis hombros y cae, poco a poco, por mis costados, tomando formas leprosas e irrecuperables, así como también, mi incapacidad de reacción bloquea la visión que alguna vez vi nítida e imperceptible sobre ideales bien elaborados y sueños concretos. Alguna vez fui valiente al vivir bajo el dominio de lo inesperado. El sufrimiento generado por la incertidumbre desembocaba en un placer sublime e inextricable y mi boca absorvía los momentos como la piel absorve el sudor de un cuerpo ajeno que se revuelca una y otra vez sobre el intento desesperado de sobrevivir a los hechos. . Era como bailar tango; una conección rítmica y apasionada entre los sentidos y las acciones que de alguna manera te hacían sentir vivo y ascendiente. No se en qué momento me desconecté de lo que para mi era esencial para satisfacer el alma, o es que tal vez nunca lo supe. Tratar de responder al tiempo me obsesionaba y ahora aún más. Recuerdo haber estado en cama por un mes a los 7 años y mi única conección con el mundo era una ventana que solo me permitía ver las ramas de un árbol frondoso y algunos trozos de cielo. Busqué miles de formas en esas ramas e imaginaba los rostros de los niños que jugaban todo el día afuera. Hice trabajos manuales super creativos, leia y miraba fotos, pero me desesperaba pensar que perdía el tiempo, porque el significado que yo le daba al tiempo era el de ejecución de los hechos. Para mi la vida estaba afuera. Todo pasaba alli y yo tenía que ser participante y no expectador. Paradójicamente, mi tendencia se ha inclinado a la idea de que lo más interesante está dentro de cada uno porque es un mundo que solo exploramos de vez en cuando por lo que existen un sin número de ideas inimaginables por indagar. Sin embargo, mi deseo por ejecutar las pocas ideas que tengo me supera y caigo en contradicciones diarias que me elevan y hunden al mismo tiempo como una rueda de madera antigua, pesada y ruidosa que se empolva y desgasta durante su recorrido. La verdad es que camino sin ver, respiro sin llegar a oler y el mundo se me cae a pedazos cuando cambia el esbozo de mi vida. Torpemente me he dejado amendrentar por hechos vanos y he entregado mi fortaleza a la crueldad de lo mundano.
Tuesday, June 26, 2007
Inconcluso
Y pensar que acostumbraba recorrer la ciudad en busca de nuevos rincones y experiencias singulares sin percatarme de aquel entorno, solo poniendo atención a mis instintos, tratando de saciar mi sed día a día, segundo a segundo, por sobre techos de edificios viejos, bajo madrugadas de excesivo sudor y entremedio de alientos saturados de vitalidad, ansiosos por lo desconocido, expectantes a los cambios, emancipados en anaranjados ocasos y gobernados por las infinitas posibilidades de mente y cuerpo...Tras mi retina se encuentran aquellos mundos de trenes antiguos cuyos vagones acogían cualquier locura y pensamiento, y debajo de mi piel se encuentran esos lugares y momentos en los que se instala mi más preciada insanidad.
Thursday, May 17, 2007
Balas de energúmenos
Tiró el teléfono por sobre su cabeza después de crueles insultos que iban y venian. Tomó las llaves, algunas pertenencias y salió corriendo, maldiciendo y jurando que era la última vez que lo vería. Comenzó a manejar sin rumbo, agitadamente, buscando un horizonte que no existía. Después de varias horas se detuvo. Suspiró por primera vez y comenzó a observar. La lejanía de risas, familias agrupadas alrededor de sus hijos, una brisa fría y olvidada entre juegos infantiles alcanzaba a perceptir su último sentido en aquella tarde de sábado y en aquel parque donde fue a parar sin querer. Sin embargo, no se atrevía a salir del auto. Inevitable era la sensación de estar siendo observada y de ser descubierta su desgracia descaradamente. Las lastimosas miradas la harían caer en una patética agonía de fracaso y vería esfumarse la poca autoestima que aún le quedaba en ese momento. Sintonizó una vieja canción y la pena comenzó a estremecerla. De cuando en cuando sonaba el teléfono desesperadamente y ella trataba de ignorarlo guardándolo una y otra vez en su bolso, asegurándose, eso si, de mantenerlo en algún lugar donde pudiera ser escuchado. De la pena pasó a la rabia y de la rabia al desencanto. Del desencanto a la angustia y de la angustia al olvido. Al olvido si, pero solo por un minuto. En algunos momentos volteaba la mirada para ver las pertenencias que había sacado apresuradamente. Lo único que le importaba, en realidad, eran un par de cuadros. Nada tenía mucho sentido, ni el como ni el por qué. Habían llegado a un punto incontrolado de ira y de soberbia que no permitía retroceder para dar paso a las disculpas. Ya el tema en questión nisiquiera era el Amor, sino más bien, el respeto, el descontrol emocional, verbal y físico; la transformación de las actitudes nobles en balas de energúmenos.
Lo peor era que no había final, que el sufrimiento se presentaría no importando cual fuese la decisión a tomar y la cobardía para enfrentar ese sentimiento tan profundo le impedía pensar con claridad. Así, entre medio del caos mental, se bajó del auto, encendió un cigarro y comenzó a caminar observando la ciudad bajo lentes tridimensionales y subrealistas donde las cunetas sangraban sudor y las esquinas olían a condones usados. Entró a un bar, escuchó conversaciones triviales, trató de decir alguna cosa pero parecía no tener energía para mover los labios. Así pasaron muchas horas en las que entraba y salía de bares, caminaba entre oscuros callejones e iluminadas avenidas, sin decir nada, agotando la capacidad de pensar.
El aún esperaba su llegada. Había inventado miles de frases para decir. De la rabia pasaba a la inquietud, de la inquietud a la desesperación y de la desesperación a la preocupación. A la preocupación si, pero aquella que involucraba su futuro, la pérdida de aquellos lazos de los cuales se había hecho esclavo sin darse cuenta, la incapacidad de visualizar su vida sin ella.
Miraba las paredes una y otra vez. La ausencia de los cuadros le producían una sensación de absoluto abandono y profundo temor. Agotó todos los cigarros que le quedaban como así también las posibilidades de que ella regresara. Pensó en dejar mensajes en el celular, tal vez alguna carta que explicara lo que él nisiquiera podía entender. Podría haber suplicado como un niño su regreso. Podría haber hecho radicales promesas y haber esbozado sobre sus senos un ídilico dibujo de unicornios. Sin embargo, solo pudo tomar un poco de ropa, darle una mirada a la casa por última vez y fumar la última colilla para finalmente cerrar la puerta.
Las palabras frágiles, los deseos oprimidos, las caricias sublimes, las conversaciones simples, las miradas embriagadas de ilusión, las peleas sin sentido, los aromas de cuerpos exhaustos, las risas y los llantos quedaron bagando por aquella abandonada casa, en aquel sábado por la tarde, después de una discusión de la cual ninguno de los dos recordaba su origen.
Thursday, September 14, 2006
Subterfugios I-San Pedro De Atacama

Habíamos dormido solo 2 horas antes de prepararnos para viajar a San Pedro. El cansancio acumulado de interminables noches en Arica e Iquique comenzaba a reflejarse en nuestros rostros. Siempre terminábamos encontrándonos con la misma gente en cada lugar que alojábamos. En mi caso, me estaba agotando la idea de encontrarme con Adour en cada lugar puesto que su esquizofrenia mezclada con droga derivaban en una especie de locomotora sin frenos que nos enloquecía a todos.
Decidimos dividirnos e irnos en parejas para hacer más fácil el "mochileo", con la esperanza de, al menos, llegar a la ruta 5 juntos. Allí comenzó la espera otra vez. La espera, hambre, sed. Sed, hambre, espera y desesperamiento. Recuerdo que intentabamos hacer sombra entre dos mochilas y nos turnábamos para hacer "deo". Yo trataba de poner cara de pena porque ya no soportaba el sol. Hacia la izquierda: desierto; hacia la derecha: desierto. Kilómetros y kilómetros de desierto. Sin embargo, la sensación de libertad que se siente es increíble. El aire tibio, los labios secos, el pelo entierrado, la pérdida de noción del tiempo, la poca prisa, la incertidumbre de lo que depara el dia, la excitación de la aventura...
Mientras esperábamos que alguien se apiadara de nosotros, recuerdo haber inventado estúpidas canciones, incrédulas historias y extraños bailes. Entendí que la locura esta más cerca de lo que uno se imagina y que, ésta, al mismo tiempo, puede llegar a ser una satisfactoria experiencia porque te puedes dar el permiso de ser incoherente sin tener que lidiar con los prejuicios ajenos. Por fin paró una camioneta ante nosotros. Dijo que nos dejaría a medio camino porque se internaría dentro de una mina. Parece increíble, pero ya se estaba acabando el dia al momento en que la camioneta nos dejó en la carretera otra vez y, a nosotros, no nos quedaba otra alternativa mas que armar la carpa donde fuera y dormir. Comenzamos a caminar sin saber a donde. No había pueblo cercano, ni nada parecido. No luces, no ruido, no nada!. Entre medio de la oscuridad escuchamos a alguien gritar y en ese momento comencé a sentir miedo. Seguimos caminando y como un espejismo, nos encontramos con una especie de "posada" para camioneros. Un restaurant muy pequeño con solo sus dueños dentro; una pareja de viejitos. Me sentí aliviada por un momento. Nos sentamos a comer y, mientras miraba alrededor, vi dos rostros que se asomaron como gatos por la ventana. Me paré de inmediato, salí a ver quien era y me encontre con 2 jóvenes, sin mochilas, poca ropa y con cara de tener mucha hambre. Les pregunté si querían compartir nuestra comida y aceptaron de inmediato. Se sentaron sin hablar y comenzaron a comer sin parar. Les preguntamos de donde venían y nos respondieron: de Santiago, nos arrancamos de la carcel" ufffff, yo no sabía qué pensar. Los dueños de la posada ya estaban por cerrar y al cerrar, se irían a su pueblo dejándonos solos con los "fugitivos". Llegada la hora pense: será! armemos la carpa y no nos quedemos dormidos. Así lo hicimos, armamos la carpa y nos quedamos despiertos hasta que nos venció el sueño. A la mañana siguiento nos despertamos entre medio de camiones mineros, cuyas enormes ruedas parecian monstruos de la guerra de las galaxias. Inmediatamente desarmamos la carpa y nos paramos en la carretera otra vez.
Después de un dia y medio por fin llegamos a San Pedro a reencontrarnos con los demas. Ellos ya tenían visto el lugar donde nos quedaríamos: entre unas ruinas en los alrededores del pueblo. Yo estaba feliz de verlos y feliz de poder comer y bañarme. El ambiente era alegre, había mucha gente que conocer y muchos lugares a donde ir. La mística del pueblo era como una medicina que calmaba las ansiedades acumuladas. Todo parecía de colores tibios. Anaranjados atardeceres que dejaban entre ver la caída de una misteriosa y caótica noche. Recuerdo que descubrimos cuevas que conectaban unas ruinas con el valle de la muerte, increíblemente largas y claustrofóbicas. En grupos nos íbamos caminando a los valles para quedarnos toda la noche alli. Algunos llevaban guitarras; otros, flautas, garrafas de vino, cervezas, drogas, peyote, etc, etc. Todo era válido y bienvenido. En una de las idas se nos perdió un Frances que llevaba dias en peyote. En otras, nos perdíamos nosotros mismos y nos reencontrabamos en fogatas o bares. Nos sucedieron muchas cosas contrapuestas: A Sheila la mordió un perro, a mi me arrestaron por estar tomando en la calle, una chica fue a parar al hospital porque el pololo la habia golpiado, con Edward nos caímos desde unas dunas, etc, etc.
Los dias pasaban y no habia momento en que no tuviéramos algo excitante que hacer o ver. A la hora de seguir nuestro viaje nos embriagaba una nostalgia prematura. San Pedro te acoje con su seductivo mistisismo y te deja volar entre mundos bizarros e impredescibles que se pierden tras indescriptibles subterfugios.
Sunday, June 25, 2006
Rueda
| Alguna vez llegué a pensar que la vida era difícil a los 15 años. Al mismo tiempo que tenía sed de experimentarlo todo, una sensación de incertidumbre me invadía cuando disponía del tiempo suficiente para pensar. El débil hilo que unía mis sueños con el fracaso me parecía siniestro por lo que a ratos dejaba de soñar y en otros momentos eliminaba el concepto de fracasar de raíz. Como una eyaculación precoz, me anticipaba al placer y a la frustración. Mi padre que, de vez en cuando, se sentía consumido por el sistema, me hablaba de esta gran rueda en la que el ya estaba atrapado y en la que el no quería verme y yo, mientras más trataba de entender el concepto, parecía ser que más me confundía. Alguna vez pensé también que a medida que fuera logrando metas iría encontrando la felicidad, como si la felicidad fuera algo tangible y eterno, algo de lo que se puede ser dueño. Visualicé mi vida a los 20, 25, 30 y así hasta la vejez. Inocentemente pensé que a los 25 habría alcanzado la mayoría de mis metas y que a los 30 tendría una gran parte de mis conflictos solucionados. Ha sido arduo y ácido asumir que no ha sido así y más difícil aún es darse cuenta de que la cima de la montaña no existe, que la felicidad es momentanea y que los sueños se esfuman y transforman al final de cada etapa. Cuando escucho al resto de la gente decir que son felices no les creo, y cuando observo a aquellos que no dicen nada al respecto me pregunto si ellos se questionan la vida como yo o quizás lo evitan por lo doloroso que esto resulta. Tal vez es posible vivir el presente sin mirar hacia atrás ni hacia adelante, como en una burbuja que se deja llevar por corrientes tibias gobernadas por la espontaneadad. Tal vez es mejor ser ciego que tuerto. Al llegar a los 30 años sentía que no me pertenecía. En alguna parte del camino me perdí entre las sombras de una nefasta ciudad y, torpemente, me escondí en sus callejones. Allí los cuervos me robaron mi sonrisa y no me quedó más que alimentarme de tripas ajenas. Por las cunetas veía mi sangre arrastrándose inútilmente hasta dejar una huella oscura en el pavimento. Mi respiración había perdido sentido y mi cuerpo se derretía frente al espejo que me esperaba en cada esquina. Llegué a desconocer qué era lo que me satisfacía por lo que mis pasos caminaban hacia senderos falsos. Me dejé engañar por sistemas materialistas que enardecían mi ansiedad y nublaban las virtudes de la simplicidad. Agoté las expectativas de terceros y, como si fuera poco, desconocí mi nombre por completo. Después de afiebradas noches desperté a orillas de una playa y entre roqueríos sombríos. Desde lejos escuchaba las lamentaciones de mis amigos, de mi familia, de mi padre. Parecía ser que todos habían sido atrapados por la rueda. Parecía ser que todos se habían perdido en alguna pesadilla o irrealizado sueño. Al mismo tiempo que me iba incorporando comencé a escuchar la voz de mi hija por lo que fui evadiendo las lamentaciones y comencé a arrancar de las sombras y de las mentirosas utopías acerca de la vida. Reconocí que los caminos son elaborados mediantes interminables luchas, las cuales son válidas en todo momento y en cada tropiezo. De otro modo, dejarás que el engaño se apodere de tus esfuerzos y debilite tus sienes hasta estrecharlas contra el endurecido cemento. Lo interesante sería asumir que lo que buscamos tal vez coexista con la imposibilidad de encontrarlo para así mantenernos vivos e incansables. Lo sorprendente sería darse cuenta de que el sacrificio fue más excitante que el resultado y que el resultado no tiene final. Ahora que observo la sublime sonrisa de mi hija me he dado cuenta que dejé de vivir para mi hace mucho tiempo ya y tal vez tengo la esperanza de que ella encuentre mejores respuestas de las que yo le pueda ofrecer. |
Thursday, June 01, 2006
Pueblo del Bajo Vientre

| Bajo la sensacion indomita de no pertenecer a ninguna parte, de dejarme seducir por teorias propias, de sumergirme en discursos ajenos con excepticismo, mis pasos se deslizaban por los abismos de mi intuicion. Asi por ejemplo, me dirigia hacia cualquier lugar que mi curiosidad y autonomia me permitieran. Obsesivamente observaba a la gente para construir historias y escenarios entre mis ojos y mi frente que probablemente moririan al final de mi viaje. Se que muchas veces llegaba a ser impertinente. Se que mi mirada era fija, un poco perdida por la mezcla de lo que mis sentidos percibian de la realidad y lo que resultaba al cruzar mi imaginacion. Creo que a mis personajes les inventaba pasados intrigantes y misteriosos, un poco cruel, acido e imposible a la vez. Asi pasaban mis dias, ensimismada en un mundo que abandonaba a ratos para observarlo desde lejos, un mundo de fantasias inciertas, de ideales que parecian amantes de condones ciegos y coitos ensangrentados. Asi sentia la vida, como un holocausto que a traves de su propio dolor me entregaba fuerzas y placeres momentaneos. En el fondo era todo lo que necesitaba porque el futuro era muy lejano para mi, casi invisible e inexistente. Recuerdo que recorri muchas calles y descubri rincones abandonados por la bulla, donde el silencio viajaba entre las particulas oxidadas del aire. El silencio penetraba mi oido y mi oido pertenecia al pueblo del bajo vientre. Me encontre con esquinas enloquecidas por la esquizofrenia colectiva de un dia miercoles y, entre medio del desorden, observaba celosamente a una pareja, casi como espia. Me arranque de personalidades anuladas, e imagine otras litigadas por alguna decepcion. Recuerdo que ese dia opte por notar solo a aquellos que parecian felices, y asi, con una especie de optimismo que no me era propio, asisti a una clase de teorias sociales. Alli escuche desde lejos los argumentos de teorias falsas y converse con amigos, sin enterarme de que estaba viva ni que estaba en lo incierto. Cigarro tras otro decidi volver a mi recorrido casi ermitaño, entre la ciudad perdida tras mi percepcion. Siempre me encontraba con el conflicto de tomar el metro, o irme en micro. La interaccion en el metro era mucho mas obvia y menos discimulada. En cambio, en la micro podia observar todo solo por unos minutos y desde lejos, sin llegar a ser parte de las situaciones. Eso tambien me parecia atractivo por lo que opte por los dos. Recuerdo que al llegar a casa me sente junto a la ventana de mi dormitorio, la cual estaba semiabierta, y me puse a escribir con la impresion de llegar a esa sensacion orgasmica que es solo tuya. Mientras trataba de ordenar mis ideas, escuche sonidos perdidos de pajaros, conversaciones y trafico. Estaba segura de que lo que escribiera explicaria un poco mis inextricables planteamentos frente a cada paso que daba. Al mismo tiempo que escribia, sentia mi boca mojada y mi mirada se desvanecia tras mi imaginacion. Asi, de a poco, me fui dejando seducir hasta perder la nocion de la realidad. Asi, a tal punto, que mi escrito se apodero de la poca coherencia que me quedaba y, entre la desconeccion de lo racional y lo imaginado, me vi, desde el texto, junto a mi ventana, inmune a los elementos externos. A raiz de eso, Descubri que mi cabello era desordenado, que mis brazos eran fragiles y que la frustracion se paseaba por mis labios por la incapacidad que estaba experimentando al querer comunicar mis ideas en un formato logico. Pude notar mis miedos como arboles de un bosque verde oscuro que no tiene final, como asi tambien, me di cuenta que habia mucho mas, al otro costado del ocaso que tenia que recorrer. Aprecie la independencia que me gobernaba y mis posturas hacia una vida imperfecta, pero real. Aunque hubiera querido quedarme en ese estado por mas segundos, me fue imposible. Subitamente comence a caer y mi caida parecia no tener final, como si concientemente me hubiera tirado a una quebrada, entre rocas filudas y cataratas de aguas heladas. Senti resbalarme entre un musgo pervertido por la sombra infinita hasta el final, hasta incorporarme en mi realidad. En ese momento, una extraña sensacion de descontrol comenzo a envolverme, una sensacion de locura que subia y bajaba por escaleras metalicas que se giraban entre laberintos, por lo que deje mi escrito, busque a mi perro y sali a caminar con la sensacion indomita de no pertenecer a ninguna parte, en un mundo de pueblos desconocidos, en donde todo parecia explicarse por si solo. |
Thursday, May 18, 2006
Abismo De Tendencias Purpuras
Entre todos los invitados, aparecio la sonrisa de Arnaud, un Frances que cautivo los sentidos de Soledad. El acercamiento fue cauteloso, romantico y sensual. El intercambio cultural, la incertidumbre del futuro, la quimica que emanaba entre sus pieles convirtieron esa noche en una sudada historia.
El descubrimiento de un sentimiento incontrolado empezo a enloquecerlos. Si ahi estaba, bajo puentes escondidos y muslos afriebrados. Entre selvas indomitas y vientres que se contraen al compas de Gardel. Por la saliva que se desliza sobre Rayuela hasta llegar a una boca humedecida. Tras los besos que se paseaban por los pies de soledad. Un sentimiento maldecido, alabado y cuestionado a ratos. Alli se encontraba, donde los silencios no son juzgados y las conversaciones no tienen final. En el termino de una copa y con fatiga sexual, antes del ultimo cigarro y despues de sabanas niquiladas.
Como la separacion era inminente, Soledad y Arnaud comenzaron a vivir los dias en una sarcastica agonia. Los cuestionamientos iban y venian en vagones de respuestas engañosas y el tiempo los perseguia tras cunetas y alcantarillas nefastas.
La despedida se acercaba a pasos agigantados. Cruel e incisiva se instalaba sobre sienes descontentas, miradas perdidas y palabras rebeldes. El ultimo abrazo, la ultima caricia, el ultimo beso lo contenian intensamente en un respiro maldito. Un respiro que al mismo tiempo los destruia y castigaba hasta empequeñecerlos. Dejandolos en el callejon del abandono, en lo siniestro de las alturas y al final del abismo al que se entregaron en completa desnudez. Un abismo de tendencias purpuras.
Thursday, March 23, 2006
Aleluya Brothers!
| No se por que en algunos momentos de mi vida me he encontrado en situaciones de las que nunca he querido ser participe y sin ninguna explicacion sensata, me he involucrado libremente.Hace algun tiempo, en el trabajo, me hice amiga de una Indonesa. Al principio tenia cierta curiosidad por su cultura por lo que, practicamente, la interrogaba todo el tiempo con preguntas concernientes a su cultura, religion, costumbres, comida, etc, etc. Despues, su particular experiencia de vida me parecio aun mas intrigante por la cantidad de contradicciones, dramas y conflictos que constituian su pasado. A ella le parecia entretenido que yo fuera de Chile, -Chile? es eso un pais? hablan Frances? me pregunto al principio.Nuestra amistad empezaba cuando llegabamos al trabajo y terminaba cuando nos ibamos a nuestras casas y debo admitir que era, en parte, porque yo no podia esbozar en mi mente que cosas podiamos hacer juntas fuera del trabajo que nos conectaran, despues de todo, eramos muy distintas. Sin embargo, ella empezo a tratar de comprometerme en actividades que yo no asociaba mucho con mi tiempo libre. Por ejemplo, todos los dias me preguntaba si queria participar de sus reuniones biblicas, o si me gustaria ir a su iglesia, o a reuniones de mujeres embarazadas, etc, etc. Gradualmente, despues de tanta insistencia, empece a sentir que tenia cierta obligacion hacia sus invitaciones. Las excusas se me estaban agotando y me era imposible decir que no sin una razon que justificara mi negativa que no fuera a herir sus sentimientos. En cierto modo, no queria romper la ilusion de una amistad, aun teniendo claro que sus bases eran efimeras.Uno de esos dias mi amiga me convencio. Era la decima vez que me invitaba a su iglesia y yo acepte. Me dijo que llegara temprano para ensayar los cantos y conocer a sus amigos y esposo. Recuerdo haberme planteado en la cabeza como podia convencer a Chris para que fuera conmigo. Primero pense en decirle algo muy infantil como "tenemos que ir porque de otro modo Dios nos va a castigar", si eso no lo convencia, le diria que lo hiciera por mi, que solo estariamos un rato, o si no, "como puedes ser tan egoista de no querer conocer a mis amistades". Finalmente, tuve que decirle todas esas excusas juntas hasta que lo conveci.Domingo por la mañana, sin saber exactamente donde quedaba la iglesia, nos fuimos bien peinados y vestidos (porque se supone que debes ponerte tu mejor vestimenta, aunque eso no tenga ningun sentido). Mientras manejaba imaginaba la situacion incomoda por la que ibamos a pasar porque sabia que era una iglesia pequeña, donde todos se conocian y, al ver nuestras caras nuevas, nos iban a pedir que nos presentemos asi como cuando eres nuevo en el colegio. Al llegar, me estacione frente a la primera iglesia que vi sin poner atencion alguna. Entramos a una iglesia muy antigua, al igual que sus oyentes. Habian solo viejitos, todos Afroamericanos, vestidos como en el pasado, con guantes, sombreros grandes y coloridos, zapatos blancos, era como haber entrado a la dimension de la pelicula "El color purpura". Nosotros entramos despacio, pero inevitablemente todos nos miraron por largo rato mientras yo buscaba desesperada el rostro de mi amiga sin exito alguno. En voz baja le dije a Chris: Creo que me equivoque de iglesia"-"no, no puede ser, yo no me muevo de aqui!" me respondio el con impetu y entre la discusion y el silencio me empezo a dar risa la situacion en la que estabamos. Cuando ya no aguante mas, tome a Irene en brazos y sali. Chris, super avergonzado salio detras mio. "Vamonos a la casa Paula, ya es tarde para ir a la otra iglesia" me imploraba Chris, pero yo sabia que de no ir, mi amiga estaria toda la semana insistiendome que fuera a la iglesia el proximo Domingo por lo que le dije tercamente: no, no y no, a eso vinimos y eso haremos".Despues de caminar un poco, por fin encontramos la otra iglesia, abrimos la puerta y nos encontramos con una orquesta, solo Afroamericanos bailando en conjunto de un lado para otro, aplaudiendo y levantando las manos, cantando con microfonos, con sus mejores pulmones y tunicas "aleluya, aleluya" con las mejillas brillantes y la sonrisa eterna. Por la calidad de las voces, parecia un encuentro de BBKing y Ray Charles. Nosotros pareciamos pinguinos en el desierto, y asi nos miraron tambien pero me alivie un poco cuando mi amiga me saludo desde el coro con una sonrisa de oreja a oreja. Como todos bailaban, le dije a Chris que bailara tambien, despues de todo, era mejor unirse al resto para pasar mas desapercibido. Lo que no sabia era que eso significaba el principio de una tortura puesto que la misa se fue alargando y consistia en cancion, tras cancion, tras cancion, con algunas intervenciones en las que el sacerdote decia con las manos en alto, como poseido y casi cantando: Yes brothers, aleluya brothers, yes, amen, ohhhh yes, ohhhhhhh yes brothers" al mismo tiempo la gente respondia, aleluya brothers, oh yes my Lord!" Despues vino el momento de la presentacion. El sacerdote, con microfono en mano, dijo: Tenemos 2 hermanos que se han unido a nuestra familia brothers!, aleluya! -aleluya!" repetia el resto mientras que nosotros, que estabamos en la ultima corrida de asientos tratabamos de escondernos entre la gente, lo cual fue imposible de lograr. "Hermanos, como llegaron a nuestra familia?"-"oh yes, brothers, tell us!- decia el resto. Nosotros nos miramos el uno al otro esperando que alguno hablara porque ninguno de los dos sabia que decir. Chris me miro como diciendome: es tu amiga, asi que es tu deber hablar" por lo que despues de decir una frase de esas elaboradas y poco convincente decidi que teniamos que escaparnos. Llegado el momento le dije a Chris: Vamonos, ahora, ahora!" pero en cuanto empezamos a dar pasos invisibles el sacerdote paro la musica y dijo por microfono: Hermanos, por que se van tan luego?(despues de 3 horas de misa) y todos se voltearon a vernos: yes brothers, why are you going?" nos preguntaban los demas como a coro y nosotros con un pie dentro y otro afuera, entre el silencio y la expectativa de los demas, no dijimos nada por varios segundos "am, am, we have to go. Sorry but we are late" respondio finalmente Chris y corrimos hacia el estacionamiento diciendo chao con nuestras manos desesperadamente.De vuelta, nos reimos mucho, pero yo no podia dejar de pensar por que tengo esos momentos en los que simplemente no puedo decir que no a algo que no quiero hacer y termino involucrada en situaciones absolutamente freaks. |
Saturday, February 11, 2006
Deseo
| Descubrir que la realidad sobrepasa el limite de tus deseos puede resultar peligroso. Aun asi, la idea de explorar deseos inimaginados puede litigar cualquier temor en cualquier situacion o respiro. Si yo pudiera extraer las experiencias desde mi boca y esbozar el futuro sobre las curvas de mi cintura, con trazos simples y sutiles que mas tarde puedan recorrer los rincones de tu cuerpo, mi vida ondularia sobre placeres y caminaria hacia los caminos que quiero conocer. No seria ya un pecado no querer encontrar las respuestas a preguntas innecesarias ni menos seria un error no querer llegar al exito ajeno. Me dedicaria a espiar a los amantes, a inhalar los olores sexuales que emanan desde camas usadas y exhaustas hasta llegar a la extirpe de la pasion que los llevo a juntarse. Desde mi ombligo exploraria tus sienes dejando que tu piel se entregue sin motivos ni restricciones hasta rendirse sobre muslos afiebrados. Alli entendere por que el delirio se burla cruelmente de mis labios mojados y se instala en mi subconciente cada vez que digo tu nombre. Alli podre pasar horas escribiendo hasta desintricar las ideas que me atormentan y asi liberarme de mi propia mente. Tal vez pueda caminar en la oscuridad, entre edificios misteriosos, bajo puentes empobrecidos, entre el abandono y la miseria, en plena desnudez y descalza para sentir como el desconocimiento se transforma en temor y el temor se transforma en excitacion. No es que quiera encontrar orgasmos en cada lugar o situacion, es solo querer tener tiempo para abrir las ventanas de mi percepcion en donde el deseo se esconde secretamente y asi impedir que lo cotidiano me consuma, que tu olor desaparezca, que mi cuerpo se marchite y mi aliento se evapore tras el diario subsistir. Si yo pudiera dibujar los momentos desde la redondez de mis senos y vivir tras lo que se esconde en los contornos de mi espalda, entonces, solo entonces, dejaria de buscar respuestas a preguntas innecesarias y serias feliz al sentir que mi cintura ha abondanado la realidad para entregarse a tu delirio corporal. |
Wednesday, January 11, 2006
Carta A Mi Padre

No estaría demás revelarte que cuando deseo pensar en cosas que me hacen feliz me transporto hacia mi niñez y los inolvidables momentos que pasamos juntos. Los detalles más curiosos ondulan en mi memoria en cálidas imágenes de sonrisas y espontaneadad. Por ejemplo, recuerdo nítidamente cuando me peinabas antes de llevarme al colegio. Te esforzabas mucho en hacerme esos "chapes" que al final del día eran un desastre. Por las tardes, arreglabas la vieja fiel bicicleta para irnos de paseo. Amarrabas un cojín a la parte trasera y ponías énfasis al decirme que no metiera los pies en los rayos de las ruedas. Así, con tu cabello muy desordenado, tus pantalones hippies y tus lentes de aviador me llevabas a descubrir calles entretenidas que simularan una montaña rusa. A veces me asustaba, pero era por desconocer la ausencia de peligro en ello. Después, al llegar a casa, escuchábamos Pink Floyd, recuerdas? Para mi eran sonidos de guerra y tu me decías en forma de juego: cuidado que ahí viene un avión! y te tirabas al suelo gritando: cuidado!" y yo...yo lo tomaba enserio. Detrás de un sillón miraba hacia el techo y me preparaba para cualquier cosa. Un poco más cansado, tomabas tu guitarra y empezabas a tocas melodías de castillos, unicornios y endrogado rock. A mi me pasabas la armónica y me llegaba a marear de tanto soplar. Por supuesto que me encantaba la hora de ir a encontrarnos con mi mamá en el metro y subir y bajar las estaciones hasta aparecer al otro lado de la calle, lo que para mi era un truco total. Recuerdo que bajábamos hasta donde llegan los vagones y para responder mi incansable pregunta: ahi viene mi mama? tu me respondías: tu mama llegará en un vagón color naranjo". Cuando finalmente aparecía ella, nos íbamos a comer pizza al centro. Mientras el día desaparecía tras los edificios, nosotros nos encontrábamos con gente extraña en nuestro caminar. Gente con dientes grandes, narices curiosas, miradas intrigantes, intangibles, caminar perdido, apurado, alocado. Recuerdas del loco que fuera de la pizzería saltaba y gritaba con las manos en alto: Gloria a Dios, Gloria al Santo, Gloria al milagroso...? Antes de irme a acostar, me permitías jugar al peluquero contigo y, pacientemente, te dejabas hacer todo tipo de peinados. Más tarde, me leías un cuento o, tal vez, parte de un libro de Lobsang Rampa hasta que me perdía en mis sueños... Gracias por hacer de lo simple momentos increíbles. |
Saturday, December 17, 2005
Afiebrada Observación

Muchos fines de semana solíamos terminar en el mismo tóxico bar con mis amigas. No se si era por la comodidad de encontrarnos con la misma gente y de tener alguna noción de lo que iba a suceder, o por el hecho de sentir un poco de atracción al desordenado y caótico ambiente que emanaba de ese lugar. Sin embargo, siempre existía excitación por lo inesperado, por las nuevas personas que podría conocer, por las situaciones que se podrían desencadenar, etc.
Nuestra rutina era juntarnos en un bar en la plaza ñuñoa primero para hablar de todo lo que despreciábamos, amábamos y deseábamos. Hablábamos de sueños, anécdotas, libros, películas, mujeres y por qué no...de hombres. Después, partíamos al otro bar donde había mucha más interacción entre la gente. Como era pequeño, todos se topaban con todos y era fácil entablar conversaciones con extraños. Por alguna razón, siempre tenía la sensación de que el bar era oscuro, al menos cuando trataba de acordarme al siguiente día, la imagen del lugar se me presentaba como a media luz, en tonos azules y morados profundos, miradas ambiguas y sonrisas maliciosas, conversaciones intensas, movimientos corporales lentos, temperamentos enardecidos por el alcohol y la música, mucho humo y muchísima energía positiva y negativa a la vez. Particularmente me gustaba sostener diálogos para defender una idea que probablemente después perdería importancia para mi misma. Siempre que conversaba con alguien me ponía a pensar cual era mi postura frente al tema, no importando cuan profundo o banal fuera. Una vez que reconocía mi postura, que muchas veces era innecesaria, la defendía apasionadamente hasta llegar a caer mal. Desintricaba toda la idea hasta confundir al otro siendo esa tal vez mi única motivación.
Una de esas noches que me encontré con Hugo, Pe y sus amigos, con quienes conversábamos mucho sin llegar al aburrimiento, después de hastiarnos del lugar decidimos irnos a madrugar al mercado con un plato de mariscos. Mientras caminábamos y hablábamos de temas que no recuerdo, empecé a poner atención por primera vez a los detalles de las mañanas dominicales, esos domingos que en mi niñez esperaba con ansias porque mis papás me llevaban a cualquier lugar que para mi significaba toda una experiencia. Andar en tren, ir al zoológico, al puente Colorin Colorado, la verdad no importaba mucho el lugar, sino más bien la intención. Ahora, observar todo ese suceso desde lejos, me chocaba y producía en mi una mezcla de sentimientos encontrados típicos de una vulnerabilidad colectiva. Mientras nosotros veníamos saliendo de un contaminado bar, había gente que recién se había levantado a trotar. Para ellos el día estaba recién empezando y para nosotros, terminando. Nos topamos con gente que extremadamente limpia y ordenada se dirigía a la iglesía, con un aroma de inocencia y castidad entre sus ilustrados zapatos y con la mirada y la sonrisa brillante. Los que se dirigían al trabajo, por su parte, imponían una imagen de responsabilidad y sacrificio tras sus trajes. Miraban el reloj un par de veces, tomaban café, o las mujeres se ponían maquillaje en la micro. También pude notar a familias con muchos niños y bolsos llenos de bebidas, frutas, y dulces que revoltósamente se dirigían a algún lugar con olor a dulce de algodón. Así, al mismo tiempo en el que la noche se acostaba sobre las sienes de una acústica ciudad, el día se imponía nítido e inocente sobre mejillas limpias, labios puros, sonrisas afables, y zapatillas dominicales. Cada detalle que fui absorviendo durante nuestra caminata lo inhale hasta el escondite de mis recuerdos y lo dejé fluír a través de mi intensa observación.Al llegar a mi casa esa mañana quise no ir a dormir y disfrutar de ese asoleado día, pero el cansancio me consumió inevitablemente y solo en mis sueños pude reconstruír el extraño mundo dominical.
Wednesday, December 14, 2005
La Mejor Experiencia de Aída
Aida era mi bisabuela. Hasta su nombre huele a antiguo. Lo más interesante que podía pasarle en su última etapa era comerse un gran pastel con mucho dulce. Por lo general, cuando podía, se arrancaba al típico negocio de la esquina, con su bastón, y todo lo que se le antojaba fíaba. Después, lo escondería debajo de su colchón como una gran reserva. A veces la encontrábamos tirada en la calle, tratando de levantarse, o afirmada de un árbol. No importaba cuan difícil era caminar para ella si su destino era el pequeño negocio. Claro, mi abuelo no tenía idea de que mi bisabuela debía tanto dinero hasta que se murió y el dueño del negocio le pasó la cuenta muy enojado. Esa era la vida de Aída: comer, ver teleseries y rezar su rosario de vez en cuando.
Para Angélica y yo, cualquier excusa era buena para carretear. Como se acercaba el cumpleaños de Angélica y mi entonces actual pololo, decidimos celebrar los 2 cumpleaños en la ordenada y ceremoniosa casa de mis abuelos. Sería la primera vez que interrumpiríamos el orden y la limpieza de la casa y por sobre todo, interrumpiríamos la tranquilidad de mi bisabuela Aída.
La casa constaba de 2 pisos. Arriba estaban los dormitorios de mis abuelos; abajo, frente al baño, el dormitorio de Aída. De a poco empezaron a llegar los invitados y de a poco se fue desordenando la fiesta. Ya pasada unas 3 horas la casa estaba llena y había mucha gente que no conocíamos, los típicos amigos de los amigos de...la radio cada vez se escuchaba más fuerte y las conversaciones eran cada vez mas incoherentes. Entre medio de la bulla y la locura recuerdo haber ido al baño, que pasaba lleno, y me encontré con la sorpresa de que Aída estaba parada detrás de la puerta de su dormitorio, la cual estaba semiabierta, como un espía observando todo en su camisa de dormir y sus gruesos lentes. Más de alguno se dió cuenta que mi bisabuela estaba como espía, por lo que cada vez que pasaban por su dormitorio le cerraba la puerta. Ella la volvía a abrir con ímpetu, aún si ya era su hora de dormir. Mientras la fiesta seguía su curso fuera de control, alguien me dijo: hey, creo que hay unos hueones teniendo sexo en el baño y yo necesito usarlo". Angélica y yo tuvimos que ir a ver qué estaba pasando porque todos gritaban: hey salgan del baño!. Cuando nos estábamos acercando se podían escuchar los quejidos y revolcones; mi pololo gritando histéricamente: Edward, que estás haciendo hueón!!sale del baño, los demás riéndose, tomando, fumando, gritando: eha, ehhhhhh Edward, y sí, Aída estaba parada, espiándolo todo, con los ojos enormemente abiertos y sus oídos profundamente agudos, como petrificada, como ida, como si estuviera en el cine por primera vez, como oliendo el climax, con la boca abierta, las narices infladas, las manos tiritonas, las pantuflas bien despiertas, si hasta se había puesto la placa devuelta. Cuando por fin salieron los protagonistas del baño, salieron como después de la guerra, despeinados, la ropa mal puesta, sudados, el maquillaje corrido y Aída solo atinaba a persinarse. Al siguiente día, Aída le repetía mil veces a mi abuelo: Huy pero si no te miento, habían unos muchachos HACIENDO LA MALDAD, ahí, en el baño, frente a mi dormitorio, Dios y la santísima Virgen María me libren!.
De todos modos, creo que fue la mejor experiencia de Aída.
Sunday, December 04, 2005
His True World
"Get out of my bar stupid drunk!" Screamed the owner of a little bar in Santiago, Chile to my friend Adour. That was another summer day that Adour was drunk and, personally, I was just about to lose my patience with him. Adour was skinny, tall and with curly hear all over his long face. His lips were always red, like his blood was moving a hundred miles per second every time he talked. He used to move his hands all the time, take 3 showers in two hours, change his clothes five times in one day, lose his keys, money, documents a least one a week. Definitively, his personality drived everybody crazy. For a long period of time I didn't understand him. Sometimes he liked to go to tango clubs, others, he spent his time around poets, in poetry parties and poetry reunions. In one of those reunions Adour decided to show himself as himself. While everybody were talking about books, authors, writing tendencies, he started to turn the music on, walking around, arguing with somebody about Nietzsche, smoking and drinking wine, dancing by him self, etc, but he won't stayed in one place for more than 5 minutes and won't listened to anyone for to long. During the time he was dancing, he began to say "hey come on, we all know how smart all of you are. Now I would like to see you dance and feel the jazz". The people stopped their conversation and there was a big silence. They all looked at Adour like he was out there, but he was smiling with his eyes closed, moving his body like it was part of the saxophone, taking deeps breaths like he was smelling the music through his senses. Without noticing that the people were upset, Adour kept interrupting the conversation by putting the music louder, talking about being real and dancing out of control. At that moment, he wasn't listening to anybody else but himself, as he was in another sphere. Finally, a guy said: "hey you are disturbing our conversation", but Adour didn't care. After that night, he wasn't invited to another poetry party again, but he tried to enjoy another group of people like he always did. Even though he enjoyed hearing people's different ideals, he never followed anyone's ideals but his own and I have to say that it was hard to figure out what was on his mind and I never knew what he was going to do or say. I only can say that he crosses life tasting everything that he finds without fear, without blame. Maybe nobody think he is a normal guy, however, I learned from him couple of things: Being normal should be yourself without restriction and that is the most difficult thing to do in our society. |
Saturday, December 03, 2005
Reencuentro

| I created a blog long time ago, but for some reason I forgot my username and everything else. After all this time thinking what was my blog's name I finally remerbered it!, but for some another strange reason, it was somebody else's blog. Despite the confussion, I decided to create another one and I hope to be consequent with it. I called my blog subterfugios which it means escape, evasion, subterfuge because it will be one way to let my mind be. |