Muchos fines de semana solíamos terminar en el mismo tóxico bar con mis amigas. No se si era por la comodidad de encontrarnos con la misma gente y de tener alguna noción de lo que iba a suceder, o por el hecho de sentir un poco de atracción al desordenado y caótico ambiente que emanaba de ese lugar. Sin embargo, siempre existía excitación por lo inesperado, por las nuevas personas que podría conocer, por las situaciones que se podrían desencadenar, etc. Nuestra rutina era juntarnos en un bar en la plaza ñuñoa primero para hablar de todo lo que despreciábamos, amábamos y deseábamos. Hablábamos de sueños, anécdotas, libros, películas, mujeres y por qué no...de hombres. Después, partíamos al otro bar donde había mucha más interacción entre la gente. Como era pequeño, todos se topaban con todos y era fácil entablar conversaciones con extraños. Por alguna razón, siempre tenía la sensación de que el bar era oscuro, al menos cuando trataba de acordarme al siguiente día, la imagen del lugar se me presentaba como a media luz, en tonos azules y morados profundos, miradas ambiguas y sonrisas maliciosas, conversaciones intensas, movimientos corporales lentos, temperamentos enardecidos por el alcohol y la música, mucho humo y muchísima energía positiva y negativa a la vez. Particularmente me gustaba sostener diálogos para defender una idea que probablemente después perdería importancia para mi misma. Siempre que conversaba con alguien me ponía a pensar cual era mi postura frente al tema, no importando cuan profundo o banal fuera. Una vez que reconocía mi postura, que muchas veces era innecesaria, la defendía apasionadamente hasta llegar a caer mal. Desintricaba toda la idea hasta confundir al otro siendo esa tal vez mi única motivación. Una de esas noches que me encontré con Hugo, Pe y sus amigos, con quienes conversábamos mucho sin llegar al aburrimiento, después de hastiarnos del lugar decidimos irnos a madrugar al mercado con un plato de mariscos. Mientras caminábamos y hablábamos de temas que no recuerdo, empecé a poner atención por primera vez a los detalles de las mañanas dominicales, esos domingos que en mi niñez esperaba con ansias porque mis papás me llevaban a cualquier lugar que para mi significaba toda una experiencia. Andar en tren, ir al zoológico, al puente Colorin Colorado, la verdad no importaba mucho el lugar, sino más bien la intención. Ahora, observar todo ese suceso desde lejos, me chocaba y producía en mi una mezcla de sentimientos encontrados típicos de una vulnerabilidad colectiva. Mientras nosotros veníamos saliendo de un contaminado bar, había gente que recién se había levantado a trotar. Para ellos el día estaba recién empezando y para nosotros, terminando. Nos topamos con gente que extremadamente limpia y ordenada se dirigía a la iglesía, con un aroma de inocencia y castidad entre sus ilustrados zapatos y con la mirada y la sonrisa brillante. Los que se dirigían al trabajo, por su parte, imponían una imagen de responsabilidad y sacrificio tras sus trajes. Miraban el reloj un par de veces, tomaban café, o las mujeres se ponían maquillaje en la micro. También pude notar a familias con muchos niños y bolsos llenos de bebidas, frutas, y dulces que revoltósamente se dirigían a algún lugar con olor a dulce de algodón. Así, al mismo tiempo en el que la noche se acostaba sobre las sienes de una acústica ciudad, el día se imponía nítido e inocente sobre mejillas limpias, labios puros, sonrisas afables, y zapatillas dominicales. Cada detalle que fui absorviendo durante nuestra caminata lo inhale hasta el escondite de mis recuerdos y lo dejé fluír a través de mi intensa observación.
Al llegar a mi casa esa mañana quise no ir a dormir y disfrutar de ese asoleado día, pero el cansancio me consumió inevitablemente y solo en mis sueños pude reconstruír el extraño mundo dominical.
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6 comments:
que descripcion mas perfecta del lugar , ese crucero (del amor) que muchas veces sin explicarnos por que lo tomabamos cada sabado para perdernos en sus aguas.
te informo que ese lugar cerro y ahora esta en venta ,
saludos
Pe
La saturacion llevo a su cierre
Que loco justo hoy, pensaba en el crucero, donde todas nos desenfrenábamos y cada cual hacia su personaje, me recuerdo muy cuando tu te disfigurabas y te ponias odiosa a defender tus ideas, pensamiento, no se como no salimos mal paradas de ahi, ja ja, tal como dice el pe, describes rebien el lugar como que uno se transporta, a aquellas noches de locuras y dejandose llevar por el rock y el alcohol......pero todo lo oscuro cierra de todos modos gran bar el "CRUSEXO"
creo que es muy divertido rescatar esos lugares sordidos, tipo antros a los que fuimos...
recuerdo un par de historias que vivimos y de las cuales salimos como siempre discutiendo con todos los borachos del lugar; hablando hacia adelante con una seguridad absolta de tener siempre la razón. el tiempo pasa y pienso que ya no estamos para ese tipo de lugares, pero no nos faltarán noches para disfrutar de tu alegre compañia...
falta poco muy poco!
Captaste muy bien lo que quise expresar polired.
Hay Dios cuanta locura rodeaba tu andar por esos dias ,con que facilidad criticabas los formatos ,que hoy de cuando en ves utilisas y en un pais ajeno.¨¨Como nos cambia la vida¨¨ y pensar que con tu ma creiamos ser los mas locos del planeta.Hay que vivir para sorprendernos de nuestros propios hijos (as) en este caso. y sí , si que defiendes posiciones hasta el cansancio del otro,si no lo sabre yo..El papa.
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