Cada costado tuyo se retuerce entre las entrañas de mi abdomen. Sudo y
tirito al encontrarme frente a ti, entre paredes vacías, ensangrentadas de
orgasmos perdidos, bajo la sombra de tus palabras cuidadosamente elaboradas, tras
la sensación de no pertenecerte, después de la tenue luz que se resbala a
través de una ventana fría, empañada de ese olor maldito, que encierra minuto a
minuto los secretos de tu boca y las conversaciones no resueltas. Cigarro tras
cigarro, evadiendo las miradas frente a frente sin poder asumir la realidad,
esa que cuestionamos tanto y por tanto tiempo. Imagino la voz gutural que
escondes, pero no consigo escuchar lo que me quieres decir. No podría decirte que he sido del todo sincera, tal vez porque estoy arrancando del dolor que me provoca tocarte, tal vez porque no he encontrado una razón que me permita desnudarme completamente ante tanta explosión de sensaciones y sentimientos vagos. Solo te pido que me
sostengas porque el delirio en el que vivo está destruyendo mi sentido común. No me conoces.
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