El amor no es más que una fantasía del dolor y yo camino divagante entre medio de esta fantasía sin tener la habilidad de identificar al realismo. Así, de sombra en sombra, de boca en boca, percibo tu saliva caer como cae la sangre de un animal muerto en el desierto. Cae y se absorbe entre el sudor de una mujer ajena, a quien crees perfecta, cuyo olor es siempre el mismo y cuya entrega es tan predecible.
No me creas si alguna vez hablé de sentimientos, es tan fácil inventarlos para extasiar un momento. Lo cierto es que había planeado abandonarte en esa cama usada y mal hecha, después de que te rindieras bajo mi perturbado ombligo. Yo caminaría de prisa, con un cigarro en los labios, bajo la llovizna de un invierno húmedo y solitario. Había esbozado mi sonrisa apretada, mi mirada fría, las piernas entumecidas al saber que no te vería nunca más. Se suponía que despertarías con los labios humedecidos, impregnados de ese olor maldito, confundido al encontrarte en una habitación oscura, sangrando y malherido. Qué me detuvo que no jalé el gatillo?
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