El tiempo se arrastra en estados febriles sobre mis hombros y cae, poco a poco, por mis costados, tomando formas leprosas e irrecuperables, así como también, mi incapacidad de reacción bloquea la visión que alguna vez vi nítida e imperceptible sobre ideales bien elaborados y sueños concretos. Alguna vez fui valiente al vivir bajo el dominio de lo inesperado. El sufrimiento generado por la incertidumbre desembocaba en un placer sublime e inextricable y mi boca absorvía los momentos como la piel absorve el sudor de un cuerpo ajeno que se revuelca una y otra vez sobre el intento desesperado de sobrevivir a los hechos. . Era como bailar tango; una conección rítmica y apasionada entre los sentidos y las acciones que de alguna manera te hacían sentir vivo y ascendiente. No se en qué momento me desconecté de lo que para mi era esencial para satisfacer el alma, o es que tal vez nunca lo supe. Tratar de responder al tiempo me obsesionaba y ahora aún más. Recuerdo haber estado en cama por un mes a los 7 años y mi única conección con el mundo era una ventana que solo me permitía ver las ramas de un árbol frondoso y algunos trozos de cielo. Busqué miles de formas en esas ramas e imaginaba los rostros de los niños que jugaban todo el día afuera. Hice trabajos manuales super creativos, leia y miraba fotos, pero me desesperaba pensar que perdía el tiempo, porque el significado que yo le daba al tiempo era el de ejecución de los hechos. Para mi la vida estaba afuera. Todo pasaba alli y yo tenía que ser participante y no expectador. Paradójicamente, mi tendencia se ha inclinado a la idea de que lo más interesante está dentro de cada uno porque es un mundo que solo exploramos de vez en cuando por lo que existen un sin número de ideas inimaginables por indagar. Sin embargo, mi deseo por ejecutar las pocas ideas que tengo me supera y caigo en contradicciones diarias que me elevan y hunden al mismo tiempo como una rueda de madera antigua, pesada y ruidosa que se empolva y desgasta durante su recorrido. La verdad es que camino sin ver, respiro sin llegar a oler y el mundo se me cae a pedazos cuando cambia el esbozo de mi vida. Torpemente me he dejado amendrentar por hechos vanos y he entregado mi fortaleza a la crueldad de lo mundano.
1 comment:
te entregas a las letras como los amantes a los precipicios. Un beso
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